
Si, volví de disfrutar de unos dias de invierno en Taranes.
Es un lugar que me atrae mucho por las infinitas sensaciones que me produce.
Dicen que vivió en otro tiempo un dios.
Un dios que tenia una curiosa predilección por las montañas, especialmente las más espectaculares, porque en ellas establecia siempre su morada. Como todos los dioses, era voluble, caprichoso e impredecible. Taranes era solo una de sus múltiples moradas, ya que se le conocen otras en el alto Nalón, en la cuenca de Güeña y muchisimas más en los Picos de Europa.
Sabemos que se llamaba Tarano o Taranae, y que era la deidad del fuego y del rayo.
Tarano es el primer habitante de este pueblo, que se arrellana tendido en una suave y verde ladera bajo la amenazante pared gris caliza conocida como Peña Taranes; en la vencidad del gigantesco Tiatordos, de quien la Foz de la Escalada le separa cómo si de una frontera bien marcada se tratase, y frente a los Picos de Europa aunque a prudente y reverencial distancia de ellos.

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